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jueves, 26 de mayo de 2011

Retrato de Augusto de Prima Porta



. Hacia 19 ane. Altura: 204 cm.
Museo del Vaticano. Roma


Los escultores romanos se preocuparon por representar el rostro o el busto. A través de un estilo sobrio y lineal, buscaban la reproducción exacta, de una inmediatez cruda, aceptando los "defectos" de la naturaleza, e investigando las huellas que la vida imprime en las facciones del modelo.

El derecho a los antepasados era uno de los principales títulos de nobleza del patricio romano, cuya posesión se reguló mediante una ley, el "ius imaginum" y, por lo tanto, el mayor desarrollo del arte del retrato coincidió con el periodo de reacción aristocrática de la dictadura de Sila. Las familias de la aristocracia poseían un auténtico árbol genealógico formado por los retratos de sus antepasados, y cuando uno de sus miembros dejaba la casa familiar tenía el derecho de llevarse una serie completa. Por esto los retratos antiguos se seguían copiando continuamente.

Durante la República, los retratos de Pompeyo, Cicerón y César presentan una dureza de rasgos de expresión que no encontramos en la obra helenística. El tipo de retrato republicano es producto de unos intereses políticos y sociales más que de una particular inclinación estética, y su acentuado realismo suele presentarse como afirmación del carácter austero y voluntarioso del pueblo romano.

Con Augusto, y cuando las clases ilustradas tenían su paradigma en Grecia, los retratos oficiales tendieron al helenismo. El neoaticismo fue un fenómeno estético surgido en los talleres atenienses del siglo I ane, con un carácter nostálgico de recuperación del pasado artístico nacional que se mantenía vivo. El neoaticismo de Augusto es, antes que nada, arte oficial y fenómeno cultural de elite, y sus productos alcanzaron altas cotas de calidad. Una gran parte de los retratos de Augusto muestran claramente el idealismo ático y el tono heroico helenístico, aunque una cierta acentuación de los rasgos fisonómicos mantiene el recuerdo de las tradiciones realistas.

La divinización de Claudio en vida, impuso nuevos modos en el retrato del emperador (semidesnudo, con corona de laurel...). Con Trajano el retrato experimentó un cambio radical: superada la concepción del retrato imperial, idealizado (de tradición griega), y la de los retratos realistas de los encargos privados, se asiste a la fusión de los dos elementos -privado y público- en una sola imagen. A partir de Adriano se generalizó el uso de la barba. Progresivamente, se fue simplificando el modelado y se acentuaron los rasgos, alcanzando una mayor expresividad y comunicación psicológica.

"El Doríforo de Policleto era el cenit de la escultura clásica, y los romanos apreciaban profundamente el aire de serenidad y dignidad conferido a la figura debido a la pose construida con extremo cuidado. Se decidió entonces preparar un molde destinado a la representación de Augusto, con la intención de que transmitiera a sus súbditos a la vez respeto a su autoridad y admiración a su gracia y control. Pero la estatua griega difícilmente podía ser tomada como modelo tal como quedó, ya que presentaba algunas características que ofendían el buen gusto romano" (Woodford, S, ob., cit., pág. 91)

  • el Doríforo era una figura ideal; fue necesario modificar su cabeza hasta que tomara la forma de los rasgos de Augusto, al que se idealizó para reflejar la pureza de formas del Doríforo
  • el Doríforo estaba desnudo; el escultor vistió a Augusto con una armadura y manto. La armadura quedaba tan ajustada que el modelado del torso permanecía visible
  • el Doríforo carecía de enfoque y dirección; el emperador no podía vagar, sino que debía dirigirse a sus súbditos. Por ello el escultor levantó un poco la cabeza, le dio un pequeño giro para mirar hacia delante y hacia lo lejos, y levantó el brazo derecho en posición de mando

Al estar colocada contra la pared, todo el énfasis se concentraba en el plano frontal; por ello los lados están algo descuidados y el torso está inacabado. Se pierde el equilibrio interno y el ritmo del Doríforo, pero se crea un nuevo ritmo, expresión de la autoridad de la persona imperial: se levanta el hombro del mismo lado que la alzada cadera, la curva del brazo alzado se corresponde con la curva de la pierna que descansa en el lado opuesto. Así el Doríforo fue transformado en Augusto; la estructura clásica fue romanizada.

Bibliografía

Bozal, V. (1992), La escultura, Vol. 2 de la Historia del Arte. Barcelona. Carroggio, S.A. de Ediciones.
Woodford, Susan (1985), Introducción a la Historia del Arte. Grecia y Roma. Barcelona. Gustavo Gili.

http://cv.uoc.edu/~04_999_01_u07/percepcions/perc19.html

martes, 3 de mayo de 2011

ALGUNOS ELEMENTOS DE LA ARQUITECTURA ROMANA


El arte romano toma como referencia los modelos griegos de la época helenística. No en balde, algunos especialistas consideran a Roma como una escuela helenística más aunque debemos advertir que el arte romano goza de una fuerte personalidad, especialmente en arquitectura. Debido a su carácter práctico, el pueblo romano desarrollará la arquitectura para establecer un sensacional programa constructivo que primero afectará a la ciudad de Roma y luego se extenderá por todo el Imperio.
El arco y la bóveda tendrán un papel principal en la concepción de la arquitectura romana. Se utiliza el ladrillo y el mortero, realizado con cantos rodados o piedras pequeñas, con una consistencia eterna. Su aspecto pobre exige un revestimiento de apariencia opulenta como suelen ser mosaicos o simplemente ricas pinturas. Los órdenes empleados serán los mismos que los griegos con algunas modificaciones: el fuste de la columna dórica suele ser liso e incorpora un toro muy estrecho en la parte superior llamado astrágalo; el orden dórico de esquina será utilizado por los romanos en todos los lugares; se creará el orden compuesto donde se mezclan elementos jónicos y corintios, dotando al capitel de la elegancia y riqueza características de Roma. Será habitual que el arquitecto romano emplee los diferentes órdenes en los distintos pisos del edificio como ocurre en el Coliseo.
http://www.artehistoria.jcyl.es/historia/contextos/781.htm

Opus Caementicium.

Los romanos generalizaron la técnica del emplecton griego para erigir sólidos mu­ros de tres hojas y grandes bóvedas que cerraban vastos es­pacios. Como relleno de estos muros emplearon un nuevo material de construcción: el Opus Caementicium u hormigón romano, que constituía el núcleo estructural del muro y se convirtió en el verdadero artífice de los avances tecnológicos producidos en este periodo. El hormigón romano era bastante diferente en su composición al hormigón actual. El único aglomerante que se conocía desde el siglo IV a.C. era el mortero de cal aérea, compuesto de cal grasa, arena y agua. Alrededor del siglo II a.C., los romanos aprendieron a usar la pozzolana o puzolana, un tipo de ceniza vol­cánica presente en la península itálica, que producía un mortero de gran monolitismo y dureza.

Este mortero hecho con pozzolana presentaba la no­table propiedad de fraguar en contacto con el agua debido a su alto contenido en silicatos, haciendo que fuera excepcionalmente útil para usos portuarios, a diferencia del mortero de cal grasa –que no fragua, sino que endurece por carbonatación mediante un proceso que además es reversible-, el cual presentaba un mal comportamiento en presencia de humedad.

Para la obtención de esta mezcla empleaban 12 partes de puzolana, 6 de arena, 9 de cal y 16 partes de piedra. Los elementos se vertían en seco dentro de los moldes, añadiendo con posterioridad el agua y ejerciendo un enérgico batido. El agregado fraguaba y endurecía rápidamente, produ­ciendo una masa densa y homogénea de gran resistencia.

Las posibilidades que presentaba el conjunto de mor­tero de cal y puzolana influyeron decisiva­mente tanto en las fábricas de muros como en el ele­mento más representativo de la construcción romana: el arco y sus formas asociadas. Este pétreo artificial, el hormigón, gozaba de grandes ventajas frente a la piedra natural. El empleo de Opus Caementicium evitaba el proceso de ex­tracción, labrado y transporte de la piedra y además reducía el tiempo de ejecución. Además la preparación, amasado y levantamiento de los materiales que se necesitaban para el hormigón no precisaba obreros de gran cualificación, a diferencia de lo que ocurría en la construcción de muros de piedra. El hor­migón se vaciaba en un molde de cualquier forma y a cualquier es­cala, cuyo único defecto era que, al endure­r y desencofrarse, quedaba al descubierto una superficie poco resistente al agua y escasamente presentable visualmente, lo cual obligaba necesariamente a la colocación de un revestimiento permanente. Los romanos de­sarrollaron varias formas de revestimiento en un proceso de evolución que estudiaremos cuando hablemos de la formación del muro. La puzolana necesitó también de un proceso de adaptación, experimentación y evolución antes de generalizarse su uso, hecho que se produjo hacia la segunda mitad del siglo I d. C. bajo el mandato de los emperadores de la dinastía Flavia. Castro afirma que, en un principio durante más de dos siglos, la puzolana se empleó sin cocer, mezclada con cal aérea, para rellenar el núcleo interior de los muros pues ahorraba mortero de cal y facilitaba el fraguado, aun en el caso de traba­jos en lugares húmedos. En palabras de Vitruvio: "...Se unen súbitamente en un cuerpo y se endurecen por instantes, consolidándose en el agua de modo que no bastan a desatarlas ni la violencia de las olas, ni ninguna otra fuerza de las olas."
http://artesauces.blogspot.com/2008/11/opus-caementicium.html