domingo, 9 de octubre de 2011

Caravaggio, La vocación de San Mateo


Caravaggio, La vocación de San Mateo, 1599-1600, óleo sobre lienzo, capilla Contarelli, San Luis de los Franceses, Roma.
Esta obra de Caravaggio es un gran manifiesto del tenebrismo en el panorama pictórico universal. La luz aporta potencia dramática y simbólica. Podemos hablar de una luz dual. Por un lado, es una luz apta para representar la realidad física y, por otro, para representar el rayo divino. La luz parece entrar con Cristo, la diagonal de su mano se corresponde con la del haz de luz que proviene del ángulo superior derecho. El espacio responde al interior de una taberna, lo que contribuye a potenciar el claroscuro.
Se ha captado el momento más dramático de la acción. Cristo extiende su mano para señalar a Mateo, quien a su vez se señala como sorprendido. Así, se establece una continuidad y comunicación entre gestos, recurso netamente barroco. Se trata de reflejar la duda de Mateo. Él tiene que decidir entre seguir su vida anterior como cobrador de tributos o su vida futura como seguidor de Jesús.
A nuestra izquierda, aparecen los personajes vestidos a la moda del siglo XVI. Esto contribuye a hacer más creíble el hecho del milagro. Cualquier momento es válido para que acontezca el milagro. A Caravaggio siempre le gustó humanizar los contenidos religiosos.


Se ha hablado de composición de lugar, en ella los personajes divergen en reacciones: los personajes más cercanos a Jesús y Pedro son conscientes del milagro, mientras, los demás permanecen absortos en su tarea de contar las monedas. (fuente: http://www.spanisharts.com/history/barroco/imagenes/caravaggio/vocacion_mateo.html)



Mateo Contarelli, importante comerciante francés, compró para su gloria eterna la capilla Contarelli de la iglesia de San Luis de los Franceses en Roma con la intención de ser enterrado allí. Encargó un completo programa de pinturas y esculturas dedicadas al santo que le daba nombre: San Mateo. La compra se efectuó en 1565 pero en 1585, año en que muere Contarelli, no se habían efectuado las decoraciones pertinentes. Los frescos de bóveda y paredes se encargaron al maestro de Caravaggio, el Caballero de Arpino, quien ejecutó diversas escenas entre 1591 y 1593. Pero los trabajos seguían sin avanzar sustancialmente, por lo que Caravaggio recibió el encargo para los dos óleos laterales, con la Vocación y el Martirio de San Mateo . Más tarde, se le pediría también la pala de altar central, con San Mateo y el Ángel. Este encargo constituyó el primer trabajo de envergadura que Caravaggio realizó, y no para un coleccionista privado sino para una iglesia de acceso público, donde toda Roma podría contemplar su obra. Tal vez este condicionamiento hizo que algún lienzo que Caravaggio presentó para la capilla fuera rechazado (San Mateo y el ángel). Además, su estilo hubo de virar completamente, obligado a ejecutar una escena "de historia", como se denominaba entonces. Esto es, no se trataba de un momento de acción concentrada y simbólica, como por ejemplo los lienzos con la Decapitación de Holofernes o el Sacrificio de Isaac. Por el contrario, debía realizar una escena mucho más compleja en cuanto a significados, escenario, número de personajes y momentos de la acción. Por eso, frente a los lienzos que había venido realizando con una o dos figuras, la Vocación de San Mateo presenta siete, que han de organizarse coherentemente y en profundidad en un espacio arquitectónico que ya no puede ser eludido por el pintor en una suerte de fondo neutro perdido en la oscuridad. Sin embargo, Caravaggio no renunció en absoluto a sus recursos plásticos, y de nuevo la luz es la que da estructura y fija la composición del lienzo. Así, tras la figura de Cristo que acaba de penetrar en la taberna brilla un potente foco de luz. La luz ha entrado en las tinieblas con Cristo y rasga el espacio diagonalmente para ir a buscar a la sorprendida figura de Mateo, que se echa para atrás y se señala a sí mismo dudando que sea a él a quien busca. El rayo de luz reproduce el gesto de Cristo, alargando de manera magistral su alcance y simbolismo. Un compañero de Mateo, vestido como un caballero fanfarrón de la Roma que conocía tan bien Caravaggio, se obstina en no ver la llamada y cuenta con afán las monedas que acaban de recaudar.(http://www.artehistoria.jcyl.es/genios/cuadros/2343.htm)


En La vocación de San Mateo, Caravaggio inaugura una nueva forma de pintar, un punto de inflexión, decíamos antes, en su trayectoria artística. Las novedades que incorpora en ella podemos resumirlas en cuatro aspectos:
el tamaño. La obra es de unas dimensiones grandiosas, ya que mide 3,5 m. de ancho por 3,25 m. de alto, mucho mayor que cualquier obra anterior del pintor.
el número de figuras. Hasta entonces las obras de Caravaggio se reducían a escenas donde aparecían una o dos figuras, aquí, sin embargo, pinta siete y todas ellas, además, de tamaño natural.
la técnica. Lo normal hasta aquella fecha, en una pintura de esas dimensiones y en el espacio en que se ubicaba, era emplear el fresco. Caravaggio, en cambio, elige la tela.
el tratamiento de la historia. Esta es la mayor novedad incorporada por Caravaggio, el tratamiento que da a una historia sagrada, como si fuera una escena de la vida cotidiana, incluso con cierta sordidez, hasta el punto que bien pudiera confundirse con una escena de jugadores de cartas en una taberna romana, como hicieron muchos por cierto. Cristo, la figura más importante de la historia, permanece casi oculto a nuestra vista, y sólo un pequeño resplandor del halo sobre su cabeza, casi imperceptible, nos permite reconocerlo.( fuente: http://lineaserpentinata.blogspot.com/2010/07/caravaggio-la-vocacion-de-san-mateo.html)

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